Fuego lento, cortes argentinos y un parrillero que no negocia el punto.
En Fuego Santo creemos que una parrilla se juzga por tres cosas: su carbón, sus cortes y su paciencia. Por eso encendemos las brasas mucho antes de que llegue el primer comensal y las cuidamos hasta que sale el último plato. No usamos gas, no usamos prisa.
La tradición viene de Argentina: el asado como reunión, la mesa larga, el corte al centro. La casa está en Playa del Carmen: el carbón convive con tortillas de maíz, chile habanero tatemado y el ánimo caribeño de nuestra gente. De ese cruce nace lo que servimos todos los días.
Un buen corte no se apura. Se sella para guardar el jugo, se lleva al punto con calma y se deja reposar antes de llegar a tu mesa. Suena simple. Hacerlo bien, todos los días, es otra historia. Esa historia es nuestro oficio.
Todo empieza con el carbón: brasa pareja, sin llama directa. Cada corte se pesa en crudo, se sazona con lo mínimo (la carne buena no necesita disfraz) y se sella sobre la parrilla hasta formar esa costra que separa a una parrilla seria de un asador de domingo. Después, tiempo. El punto lo decides tú; el jugo lo defendemos nosotros.
Y como en toda parrillada que se respete, el ritual abre con chorizo argentino asado hasta que la piel dora y truena, morcilla cremosa terminada al carbón y mollejas doradas lentamente: crujientes por fuera, mantecosas por dentro. Para quien conoce la parrilla de verdad.
Pesos aproximados y en crudo, como debe anunciarse.
El corte insignia de la parrilla argentina. Sabor profundo, textura firme y una capa de grasa que lo mantiene jugoso de principio a fin. Si es tu primera visita, empieza aquí.
Corte de tapa generosa que se sella al fuego y guarda dentro toda su jugosidad. El favorito de los que vienen a compartir.
Fibra marcada y sabor intenso, sellado al carbón para conservar el centro tierno.
El más marmoleado de la carta. La grasa infiltrada se derrite sobre las brasas y regala una suavidad que no se olvida.
Delgada, tersa y de sabor concentrado. Rápida al fuego y llena de carácter.
Asada al carbón con un toque cítrico que la mantiene ligera y jugosa. Para quien acompaña al carnívoro de la mesa.
Vacío, New York, chorizo argentino, molleja y morcilla, con papas a la francesa y ensalada mixta. El clásico que no falla.
Vacío y rib eye con chorizo, molleja y morcilla. Para mesas que quieren marmoleo.
Pollo y rib eye con chorizo, molleja y morcilla. El punto medio perfecto.
Pollo, rib eye, picaña y New York, con chorizo, molleja, morcilla, papas y ensalada. Nuestra mesa completa. Si la duda es qué pedir, la respuesta es Mendoza.
Reserva tu mesa en Fuego Santo y ven a comprobar por qué cada vez más gente nos llama la parrilla de Playa del Carmen.
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